TRISTEZA: OPORTUNIDAD DE VOLVER AL INTERIOR
Mientras pensaba
en qué escribir, llegó al recuerdo esa canción de Palito Ortega que dice: “La
felicidad ¡ah!, ¡ah!, ¡ah! // es sentir amor, jo, jo, jo, jo” con ella,
reflexionaba sobre ese reto interactivo que proponen las redes sociales:
“mostrar lo felices que somos”.
Técnicamente ese
no es el problema, pues que dicha poder sentirse pleno y feliz, pero
curiosamente me he topado con personas que publican fotos estupendas, de
momentos mágicos de vida, mientras tras bambalinas me dicen: “me siento
triste”, “estoy mal”, “no sé qué hacer con...”, están en casa llorando o
sentados frente al celular, TV con el
pensamiento ido, mientras cambian de reel, de historia, meme, en fin… me
preguntaba ¿Por qué será que nos cuesta tanto manifestar con verdad lo que
sentimos?
Parece que para
aliviar pesares del presente fuese importante refugiarnos en el pasado o en el
ideal del futuro. Usamos máscaras de felicidad y como dice el dicho: “la
procesión va por dentro”.
Esto más allá de
ser bueno o malo, propone una perspectiva respecto al mundo emocional: “a la
gente qué le importa como me siento”, “¿Te das cuenta lo terrible que puede ser
que me vean triste?”, “mejor no digo nada para evitar problemas”, “quiero hacer
esto, pero no, mejor no. Me da miedo, ya no quiero”. “¡Shii! ¡silencio!,
tristeza a la vista!”, “tengo que ser fuerte, mis hijos no me pueden ver así”.
¿Por qué creen
ustedes que sentir tristeza, rabia, miedo es “malo”? ¿Por qué las invalidamos,
las juzgamos como algo que “no puedo” o “no es bueno” sentir porque…? ¿Qué
palabras llegaron a tu mente para completar la pregunta anterior?
Una de las
emociones primarias/ básicas que como seres sintientes nos habita, es la
tristeza, ésta llega a nuestra vida ante la pérdida real o percibida de algo/
alguien valioso, cuando tenemos expectativas ante una situación o persona y no
se cumplen, también ocurre cuando vivimos un conflicto interpersonal con alguien
importante para nosotros o cuando internamente nos sentimos aislados /
desconectados de los demás.
En el cuerpo
físico se manifiesta a través de las ganas de llorar, el llanto, la sensación
de tener un nudo en la garganta, presión en el pecho, falta de apetito, vacío
en el estómago, sentir la energía vital baja, y pensamientos negativos. Sentir
esto está bien, nos pasa a todos. ¿Para qué prohibírnosla?
En su naturaleza y
verdad, la tristeza es conveniente para nuestra salud emocional porque nos
ayuda a reconocer las necesidades del mundo interior, nos convida a realizar
prácticas de autocuidado, de tratarnos con amor, de hacer un “pare” ante la
vida, ante esas cosas que no nos gusta pero que seguimos permitiendo, por
tanto, facilita el procesar, asimilar y generar nuevas estrategias de
adaptación ante las situaciones dolorosas que vivimos.
Para gestionarla
adecuadamente se requiere tener presente algunos puntos: primero, observar y sentir
lo que duele; segundo, expresar, comunicar lo que sentimos, apoyarnos en
alguien de confianza para ser escuchados; tercero, implementar estrategias de
auto cuidado tanto a nivel físico como emocional; cuarto, vivir en el presente
– aquí y ahora – sin expectativas o idealizaciones de realidades que solo
existen en la mente y se escapan del rango de acción de la voluntad; quinto,
acepta que duele, el por qué duele y qué aprendizaje puedes tomar de la
situación dolorosa; sexto, cultiva la gratitud.
Reflexiones
personales:
¡Silencio! Tristeza a la vista… respira profundo y deja que te hable,
escúchala. Para esto quiero dejarte dos ejercicios: en el primero responde esta
pregunta: si le pudieras agradecer algo a tu tristeza ¿Qué le dirías? –
puedes regalarte un espacio de cinco minutos, tomar una hoja en blanco y
escribir lo que primero llegue a ti-; segundo: ¿De qué manera te brindarías
amor y cuidado para consolar / aliviar tu tristeza? hazlo.
Si quieres interactuar
conmigo, sígueme en Instagram: @sandram.fontanilla y en inbox puedes
dejarme inquietudes o solicitar servicios de acompañamiento emocional.
Hasta la próxima. Siempre
en contacto.
Con amor y gratitud.
Sandra Fontanilla
Terapeuta psico expresiva
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